martes, 15 de julio de 2014

La otra cara de Tiéntame. Capítulo 1.

Bueno, os cuento un poco. Hace un par de meses dije que para hacer más amena la espera hasta La chica de servicio, II. Poséeme, el segundo libro de la trilogía, os ofrecería por aquí relatos cortos, la otra cara de Tiéntame. Es decir, algunos de los momentos más relevantes de La chica de servicio, I. La primera entrega de la trilogía, pero ahora narrado desde Matt Campbell, el protagonista masculino. 

Pues aquí está el capítulo 1. Empiezo a subirlo este mes y a finales del próximo, me centraré en la promoción, avances, etc, de la continuación de Tiéntame, que será Poséeme

Recordar a los nuevos lectores, que estos relatos cortos lo pueden tener de manera completa y ampliada con todo un libro cargado de escenas intensas, sentimientos e intrigas en La chica de servicio, I. Tiéntame. Y en el relato digital Provócame. Esto que iré subiendo es un aperitivo de lo que encontraréis en dichas entregas. ;)

He creado un espacio en la parte superior del blog donde encontréis todos los relatos. 

¿Empezamos? Pues allá vamos. 


 1.

Cierro la puerta de mi despacho de golpe y grito sin que nadie pueda oírme, pues la habitación está insonorizada. Está todo hecho una mierda. Hace dos o tres días, ya no lo sé, que no permito que entre nadie. Los mismos días que sospecho que Alicia, mi novia, me engaña, después de tres años juntos. Y que lo hace con mi mejor amigo. Pese a haberme advertido él de cómo era Alicia, yo no le creí. Lo desafié y hoy he tenido la confirmación de que he perdido. 
Un mensaje de ella me enciende aún más. Tengo los puños magullados de la de veces que los he estrellado contra todo lo que me rodea para no partirle la cara a Sam, mi amigo, por su traición con la que hasta ahora ha sido para mí una buena compañera en esta asquerosa y sombría vida. 
No lo siento por ella, sino por la ingratitud que ambos me han demostrado, cuando yo se lo he dado todo por no estar solo, por conseguir arrancarme del alma la desconfianza que todo el mundo me inspira y que me lleva a vivir en un profundo y doloroso aislamiento.

Mensaje de Alicia a Matt. A las 16.30.
Yo no quería, Matt, tenemos que hablar, por favor. No me dejes así.

Desconecto el teléfono, apago la luz y me siento en la silla de mi escritorio. Quiero olvidar y descansar, estoy agotado, harto de todo. No puedo con otra mentira, son demasiadas ya…Sé que el dinero ha evitado que esto último sucediera antes, pero ¿para qué lo quiero? No soy feliz y dudo que pueda encontrar la estabilidad alguna vez. ¿En qué he fallado? 
Perdido en mis pensamientos, oigo que llaman a la puerta y opto por ignorarlo, no quiero que nadie me moleste.  Insisten, pero no me importa, sé que no entrarán. Mi familia me conoce y… ¿¡Qué mierda!? Alguien ha entrado, oigo que tropiezan, quizá por la oscuridad, y con la poca luz que entra del pasillo, distingo una silueta femenina.
¿Quién es? 
—¿Hola…? —dice una voz desconocida y suave.
No respondo.
Repentinamente, la luz se enciende, sorprendiéndome. La que ha irrumpido es una chica a la que no he visto nunca. Tiene el pelo castaño con reflejos rubios, ojos grises... El pulso se me dispara. La miro durante unos eternos segundos y ella me mira a mí, ¿con descaro? Me enfado, experimento un apetito sexual por ella que me ahoga. Me vuelvo primitivo, la deseo. 
Ya. 
 Pero aunque esté furioso, me contengo… ¿O no?
—¿Quién es usted? —Mi tono suena alterado—. ¿Por qué entra sin mi permiso?
—He llamado y, como nadie me ha respondido, he decidido entrar —responde borde, desvergonzada—. Ejem… señor Campbell, perdón por las molestias —añade—, pero su madre me ha dicho que le trajera esto. 
Sin quitarle la vista de encima, rodeo el escritorio. Tenso y a paso lento por las ganas que tengo de echarme encima de ella y… ¡Basta! La nueva chica de servicio, como veo por su uniforme de faldita corta, no ayuda, y, con una osadía que no tiene límites, me repasa de arriba abajo, deteniéndose en cada parte de mi cuerpo. 
Yo sí puedo hacerlo, pero a ella no le doy tal derecho. Me ha impresionado y odio sentirme así. 
—¿Ha terminado la inspección? —le pregunto, con la intención de que pare.
Me tiene cardíaco y, al avergonzarse, me gusta aún más.
—¿Señorita...?
—Stone, Gisele Stone. La nueva sirvienta.
«Gisele…»
—Y bien, señorita Stone, ¿quién le ha dado permiso para entrar en mi despacho y hablarme con la altanería con que lo ha hecho? —le digo paciente, aunque la idea de subirle el vestido y enterrarme en ella me atosiga. 
—Perdón, no era mi intención ofenderle con mi tono. —Suspira, tragándose su orgullo—. En cuanto a lo de haber entrado, quería asegurarme de que no había nadie, para decírselo a su madre. Me disculpo de nuevo. 
—Que no se vuelva a repetir —le espeto cortante. Tengo la mandíbula tan apretada que hasta me duele. Sacudo la cabeza. Tengo que olvidarme de esos labios que… Vuelvo a mi asiento e ideo un plan para verla desde todos los ángulos—. Deje la bandeja sobre la mesa y, por favor, recoja un poco el despacho, que para eso se le paga. 
Con gesto arrogante, coge aire y lo suelta, pero se dispone a cumplir la orden dada por mí. Sé que el despacho está hecho un asco y que se horroriza al verlo. ¿Qué habrá traído hasta aquí a esta chica? No se la ve muy dispuesta a obedecer. Parece interesante y con estudios, me extraña…
 «Joder.» Se agacha y sus muslos saltan a mi vista. Esbeltos, finos y bien torneados.
¿¡Quién demonios se ha propuesto torturarme así!? A la vez que limpia, inspecciona cada rincón. Sus pechos suben y bajan en su pronunciado escote, no puedo apartar los ojos de ella.
Supongo que será como todas… sin embargo, no controlo la necesidad que se está avivando en mí. Esto se está complicando, aunque puede ser entretenido. Necesito quitarme de la cabeza a…
Me mira y luego desvía la vista. Yo no puedo hacer lo mismo. Menos cuando leo en sus ojos las ganas de gritarme cuatro cosas. Si sigo así, será imposible que me siga dominando.
Además, ¿por qué demonios tengo que hacerlo? ¿Quién es ella? Nadie, sólo una sirvienta. Mirándola el tiempo vuela y, cuando menos me lo espero, está frente a mí, con todo el trabajo hecho. Eficiente.  
—¿Desea algo más, señor? —pregunta simpática. 
No puedo contenerme y entro en su maldito juego.
—Quizá... —la desafío—. ¿Qué me ofrece?
Frunce el cejo.
—Usted es el que manda —responde confusa—. Usted ordena y yo obedezco, ¿recuerda?
Se acabó, no tolero su sarcasmo. Su forma de sacarme de quicio me tienta y no soy ningún niñato. Altivo, contesto, abriendo y cerrando los puños:
—Ya sé lo que quiero.
Me mira los puños y yo los escondo. Expectante, asiente y yo me lanzo a ofrecerle lo que lleva pidiendo desde que ha llegado.
—La quiero desnuda y tumbada sobre mi mesa. Voy a tomarla por insolente.
No titubeo y la boca se me hace agua con su media sonrisa. Está dispuesta. Lo sabía…
Nos miramos y, de pronto, al verme tan seguro y decidido, su rostro se enciende. Se mueve agitada e inspira, ¿controlando su enfado? ¡Me ha estado provocando! ¿Qué esperaba? 
—¿Qué has dicho? —pregunta poniendo los brazos en jarras—. Me parece que no te he entendido bien. 
¡¿Qué?! ¡Me tutea…! Vuelvo a rodear el escritorio y me planto frente a ella sin tocarla, aunque con unas irresistibles ganas de hacerlo. Siento cómo la urgencia que me empuja va creciendo en mi interior… otra vez. Y esa urgencia habla por mí: 
—Señorita Stone, ante todo, no debe tutearme —digo, intentando imitar su voz sin conseguirlo—. Debe decir. «¿Qué ha dicho?». Y contestando a su otra cuestión, aunque por la expresión de su cara creo que ya lo ha entendido, le he dicho que voy a tomarla ahora mismo sobre mi mesa, por insolente. Y vuelvo a repetírselo, túmbese. 
—¿Que haga qué?
Me enciendo. ¿Qué le pasa? ¿Y a mí?
—¿De dónde ha salido? —suelto nervioso, ocultando mi impresión—. ¿Cómo ha venido a parar aquí?
—¿Puedo marcharme ya? —responde crispada.
—Cumpla mi orden ahora mismo.
—¿Está loco o qué diablos le pasa?
Pierdo mi batalla interior.
—Ya lo creo que estoy loco. Si estuviese en mis cabales, la habría echado ya de mi casa, después de desafiarme como lo ha hecho. En vez de eso, le doy la oportunidad de reparar su error. Desnúdese, ése es el precio que debe pagar.
Doy unos pasos hacia ella, su cuerpo me tienta y mis ojos se pierden en su exquisita figura. No me importa quién sea ni de dónde venga, hoy tenía un día de mierda hasta que esta chica ha aparecido provocándome. 
—¡No! —grita—. ¡No se acerque!
—¿No? —La acorralo entre la puerta y mi cuerpo. La siento temblar. Intento no gemir al rozarla—. Como ve, ya lo he hecho.
Apoyo las manos en la puerta, a ambos lados de su cabeza, y la miro a los ojos. Sé que se indigna, porque su respiración se altera, propiciando un acercamiento más íntimo. 
—Como no me deje en paz, se lo voy a contar a sus padres —me amenaza, sosteniéndome la mirada con desafío, y yo empiezo a perderme por completo. Ya no soy dueño de mis actos—. Me está acosando como un asqueroso sátiro… Apártese de mí o empiezo a gritar ahora mismo. 
¿¡Cómo!? ¿Qué mierda se ha creído?
—Hágalo. El despacho está insonorizado. Además, ya gritará cuando la haga mía y me acoja dentro, con esa pasión que está demostrando al resistirse.
Jadea, poniéndome tan duro como una piedra.
—¡Grosero!
Sin embargo, no se mueve cuando me atrevo a deslizar una mano por su muslo y la subo poco a poco. No sé qué me está pasando. Noto en mi palma un calor que me está matando, por culpa de la piel tan tersa y suave de esta mujer. 
—¡No me toque! —gruñe y cierra los ojos… pero no me detiene—. No… no.
Está pidiendo a gritos que la haga mía.
—Señorita Stone, tiene que aprender y entender quién da las órdenes aquí —amenazo, muy cerca de sus labios, que desprenden un delicioso aliento, invitándome a más.
Abre los ojos y no sé qué ve en los míos que la hace volver en sí.
—Yo ordeno y usted obedece, ¿recuerda?
—¡Yo no obedezco ese tipo de órdenes! —Con decisión, detiene mi mano pegada a su muslo—. ¿Sabe qué? ¡Es usted un egocéntrico! Y no me asusta su chulería.
Me vuelve loco. Nadie me ha excitado nunca así.
—Y usted es una maleducada y una desvergonzada. Pero le voy a enseñar modales, a respetar a las personas que están por encima de usted en esta casa... y yo lo estoy. ¿Queda claro? —murmuro, rozando sus labios, con ganas de morderlos. 
Está acelerada.
Su silencio me hace pensar que es así. Le sujeto el mentón e, impaciente, me apodero de sus labios. Reprimo un gemido y, con gesto salvaje, la obligo a abrir la boca y que me devuelva ese beso por el que me estoy muriendo. 
Se toma su tiempo, pero cuando lo hace, rompe todos mis esquemas.
Gime haciendo que me pierda. Mi lengua la busca como no he hecho con ninguna otra.
Mi agitación me obliga a no retroceder. Por un momento, me asusta lo que siento, quiero someterla y quiero más que este beso fogoso, apasionado, que me hace arder. 
La imagino con la misma pasión en la cama… Me impregno de ella, la devoro con ansia.
¿Qué me pasa? No parece asustada, se entrega a mi voluntad. 
—Basta —gime, girando la cara—. Déjame.
—No, quiero más, mucho más.
Yendo más allá de lo que debo, hago un nuevo intento y le toco de nuevo el muslo sin intención de retroceder, deseoso de su contacto. Pero de pronto, un golpe en mis partes bajas me hace doblarme en dos y jadear sobresaltado. 
—¡Te odio! No vuelvas a tocarme —grita ella, escapando—. ¡Ni siquiera me mires!
—Lo vas a pagar —susurro, viéndola marcharse.
Me toco y soporto el dolor de la excitación hasta que éste va menguando y luego doy rienda suelta a mi fracaso cogiendo y dejando compulsivamente los objetos de los estantes.
Por culpa de mi maldita… ¡No, me niego a aceptarlo!  

7 comentarios:

  1. Me encanta!! Creo que me gusta mas leer desde el punto de vista de Matt que de Gisele jeje. Quiero masssssss :D

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  2. Wowwww me encantaaaaa desde este punto de vista, es mas exotico mas rudoooooo

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  3. Me gusta ver la perspectiva de matt! Y al mismo tiempo esto ayuda a que la agonia de la espera hasta octubre sea un poco mas llevadera!

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  4. Hola Patricia.
    La verdad es que saber de primera mano lo que pasa por la mente de este personaje es todo un lujo que te agradezco enormemente.

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  5. gracias me encanta poder leer desde la perspectiva de Gisele primero y después darme cuenta de qué es lo que pasa por la mente de Matt y entender un poco más sobre él,muchas gracias por escribir esta historia y compartirla con tus libros ;) te mando un gran abrazo desde México =)

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  6. me encantó espero poder leer más publicaciones :-):-):-):-):-):-):-):-) :-P

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  7. Gracias por esa inspiración que tienes,es interesante la perspectiva de matt

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