sábado, 26 de julio de 2014

La otra cara de Tiéntame. Capítulo 3.

¡Ya estoy de nuevo por aquí con un nuevo relato de esta pareja!
He creado un espacio en la parte superior del blog donde encontréis todos los relatos. 

Sé que a veces queréis leer las escenas completas de estas entregas, pero recordad, que son mini relatos en los que de modo ampliado y con todos los detalles podéis encontrar en La chica de servicio, I. Tiéntame. El primer libro oficial de la trilogía. 

En estos capítulos cortos habrán partes recortadas o escenas omitidas por lo que comento arriba: Es un aperitivo de lo que encontrareis en la apasionante historia de Matt y Gisele. 

A diferencia de Tiéntame, aquí podremos leer los momentos más relevantes de la primera parte de la trilogía, pero narrado desde la perspectiva del protagonista masculino: Matt Campbell. 

Esto es La otra cara de Tiéntame. 

¡Vamos por el capítulo 3! 


3. 

Me bombardean demasiadas informaciones, sorprendiéndome y a la vez haciendo que la desconfianza me haga ponerme la coraza.
No sólo no la han tocado muchos hombres, sino que concretamente ha sido sólo uno, un novio que la frustró en el sexo y con el que ha perdido cuatro años… ¿Tanto necesita el dinero como para aceptar mi oferta? ¿O es una mentira más? 
—Me he equivocado con usted —declaro sincero, aunque con las cosas muy claras al ver la clase de mujer que ha demostrado ser. Su cara refleja cólera y en sus ojos hay lágrimas de impotencia—. Pero ya no hay marcha atrás. La he comprado, sí. Es mía hasta que yo quiera, hasta que me canse.
—Eres un estúpido. ¿Es así como lo obtienes todo en la vida? Tienes que pagar para conseguir lo que quieres, ¡qué pena! Soy una mujer de palabra y estaré a tu disposición como deseas, pero sólo por mi placer, para mi capricho y por tu dinero. No porque tú lo merezcas. 
Me siento asqueado y la furia me consume al pensar que tiene razón. Con dinero es como gozo de todo. ¡Igual que de ella! ¡Maldito dinero!
—Bien... como quiera —contesto y empiezo a apartarme de su cuerpo, gruñendo por el dolor de mi entrepierna—. Pero tenga cuidado —añado—. No soporto lágrimas ni reproches.
Mucho menos desprecio.
—Eres un ser miserable…
Tengo los músculos agarrotados y al ir a salir de su condenada y abrasadora cavidad, ella me sujeta del cuello de la camisa y tira de mí, que entro en su interior bruscamente al caer sobre su cuerpo. ¡Dios! 
Se retuerce. Me muerde el hombro y sus uñas se clavan en mi espalda. Una ola de locura me arrastra y destroza al sentir su estrechez y negarme a torturarla. 
—No se vaya…
Suplicando, así la quiero ver.
—Joder, joder —mascullo, gimiendo—. Está condenadamente estrecha. Recuerde, usted lo ha querido.
Su rostro se contrae y veo que se muerde los labios mientras me clavo en ella con la necesidad del ser primitivo que me domina sin yo quererlo. No puedo evitar ser brusco, incluso aunque sé que puedo hacerle daño. 
Quiero aborrecerla… Hoy ha sido mi perdición. Me muevo con agonía, con intensidad.
Embestidas colosales impulsadas por mi pelvis, descontrolada como yo. 
Dentro, fuera. Fuerte… Entregados a esta repentina atracción.
La inmovilizo, aferro sus manos, mientras ella me provoca al mirarme los labios con el deseo destellando en sus ojos. ¡Basta! Es una insolente. Quiere besarme, pero no pienso ceder. Aquí soy yo el que impone las reglas y besar en un momento así supone que hay sentimientos. 
—No —ordeno seco. Su boca entreabierta me tienta—. No doy besos… No mientras tengo sexo.
Y aunque lo intenta una y otra vez, no le doy ese poder. Porque no siento nada por ella como para entregarme en todos los aspectos. Muevo las caderas con impulsos sensuales y enérgicos, con el orgullo de saber que le gusta. 
Sus gemidos lo confirman, su forma de venir a mi encuentro, pegando su cuerpo al mío. Tiene la vista desenfocada, se muerde los labios, reprime sus chillidos. 
Estar dentro de Gisele Stone no es lo que esperaba, me desborda y satisface, pero no termino de saciarme. Y cuando habla, desafiándome, me enfurezco hasta agonizar. 
—Más… —suplica—. Ven… Quiero besarte —implora—. Oh, sí. Sí… me gusta… —me provoca. 
Arqueándose, torturándome al contraerse y aprisionarme dentro de su sexo ardiente, con mi virilidad tan dura que podría destrozarla en cada satisfactoria invasión. 
—Joder. ¡No haga eso! —protesto cardiaco.
—¿T-Te gusta?
¿De dónde diablos ha salido?
La toqueteo cómo y dónde me da la gana, desesperado, vehemente. La muerdo y la chupo, la embisto y gozo de ella como jamás he hecho con ninguna otra mujer, porque nunca me he cruzado con ninguna otra parecida… 
Y aún hay más. De repente toma la iniciativa, se deshace de mí y me pilla por sorpresa al cambiar de postura, con sus atractivas y delicadas curvas encima de mi cuerpo. 
—Quiero demostrarte que estoy a la altura —me susurra provocativa, risueña—. Ahora voy a mandar yo.
¿Qué? Serio, escondo mi sorpresa.
—Adelante, me muero de ganas de verla cabalgar sobre mí.
Ahora soy yo quien la ha desconcertado. Mis manos recorren sus muslos, su piel desnuda. Su figura es un puto pecado y ella una desvergonzada.
—Tiene un buen culo. Demasiado tentador.
—Es todo… tuyo —musita coqueta, inclinándose hacia mí.
Sus pechos se mueven cerca de mi rostro, excitándome aún más.
«Detenla.»
Desinhibida, altanera.
—¿Por qué desea complacerme? —pregunto. Hace un nuevo intento. ¡Basta, joder!—. No me bese.
—No deseo complacerte. Lo hago por mi propio placer.
Estoy a punto de rechinar los dientes. Protesta, me reta… me cabalga. Apoya las manos en mis muslos y se arquea hacia atrás, dejándome una vista perfecta de su cuerpo, de la unión de nuestros sexos. 
¡Maldita sea! Y sé que no tendré suficiente de esta insolente que me acoge mirándome a los ojos, sin miedos… No como los muchos que yo me niego a revelar. 
Esta chica no es nadie para descifrarme, no confío en ella y yo no quiero que lo haga… aunque haya sucumbido a sus encantos. Pero no. ¿Sucumbir? ¿Así de fácil y rápido? Me niego. 

5 comentarios:

  1. Intenso como siempre Matt Campbell,pero se encontró con alguien que no le teme ni un poquito =)

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  2. Me encanta leer el punto de vista de matt.. pero me desespera porque a pesar de que es un privilegio poder leer desde las dos pespectivas.. quiero mas y me sabe a poco..

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Hola por aqui:
    Bueno está claro que en estos momentos esta en lo que yo llamo fase de negación. Gisele le descoloca,le desconcierta, le hace sentir cosas que nunca ha sentido por nadie y que desconoce y lo mas facil para él es negarse esos sentimientos. Lo mas fácil es pensar que ella es como las demás, a pesar de ver que no la ha tocado nada mas que un hombre. El problema que veo aquí es que ella ha cogido su dinero y eso la hace igual a todas a los ojos de este hombre tan desconfiado y al mismo tiempo tan roto, que siente tan poco aprecio por si mismo que se niega a creerse merecedor de algo que no sea solo sexo puro y duro. Y como no se cree merecedor de que alguien se lo de sin mas lo paga y eso para los dos es un arma de doble filo en algun momento.

    Me encanto este momento.

    Besitos

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