jueves, 31 de julio de 2014

La otra cara de Tiéntame. Capítulo 4.

Aquí estamos de nuevo con un nuevo capítulo ¿Con ganas? ¡Allá vamos! 
He creado un espacio en la parte superior del blog donde encontréis todos los relatos. 

*Recordatorio: La otra cara de Tiéntame son mini relatos en los que de modo ampliado y con todos los detalles podéis encontrar en La chica de servicio, I. Tiéntame. El primer libro oficial de la trilogía. 
En estos capítulos cortos habrán partes recortadas o escenas omitidas por lo que comento arriba: Es un aperitivo de lo que encontrareis en la apasionante historia de Matt y Gisele. 
A diferencia de Tiéntame, aquí podremos leer los momentos más relevantes de la primera parte de la trilogía, pero narrado desde la perspectiva del protagonista masculino: Matt Campbell. 

Esto es La otra cara de Tiéntame.
                                 
¡A por el cuarto! 


4. 

Los rayos de sol entran por mi ventana dando la bienvenida a un nuevo día. Un día más. ¿Qué es mi maldita vida? Un infierno sin final. Hoy me hago la misma pregunta: ¿por qué? No hay respuesta.  
Cuando tenía doce años, mi madre biológica me abandonó porque era un bastardo, simplemente porque no podía soportar las acusaciones de los demás. Me dejó un día sin decir nada. Desde entonces, mi vida jamás volvió a ser la misma. 
Tiempo después, cuando William y Karen me adoptaron, sentí que tal vez todo podría cambiar, pero no fue así. Fui recibido como uno más de la familia, tanto por ellos como por mis hermanos, Roxanne y Eric, pero nada pudo borrar el dolor de lo ocurrido los años atrás.
Luego vino el suceso de Amanda... lo que viví a su lado y que no puedo ni recordar.
Después del abandono de mi madre, eso volvió a destrozarme. Mujeres… falsas y malas.  Al conocer a Alicia, creí que mi vida se iluminaba, pero día a día ella misma fue apagando la esperanza. Con el tiempo he entendido que lo único que la ataba a mí era mi dinero… como la mayoría de personas que me rodean. 
A pesar que William y Karen me dieron bienestar económico, la situación no me hace feliz. Nadie, excepto ellos, me quiere por mi forma de ser. 
Sé que soy complicado, que es difícil soportarme cuando me descontrolo. No quiero hacerlo, pero es algo que sucede.  Apenas he dormido, casi nunca lo hago, ¿¡y qué!? Ya estoy cansado de justificarme. Sé el porqué de mis cambios, ahora arriba y el siguiente minuto abajo. Quien me quiera ha de hacerlo con ello. Ése es mi equipaje y va conmigo. 
—Le aconsejo que su familia lo sepa, sobre todo su pareja —me dijeron una vez—. Para que lo entiendan. 
Alicia me entendía sin saberlo. Durante estos años, he seguido mi relación con ella para no estar solo. Su presencia a veces me reconfortaba y yo procuraba darle cariño y mostrarme generoso, pero no hay nada más… no la amo. 
Me miro los puños. Aún me duelen tras mi último arrebato... mi último ataque.
Ahora ha llegado esa criatura tan desafiante a mi vida, Gisele Stone. ¿Qué hice anoche con ella? Poseerla ha sido lo más placentero que he experimentado nunca.
La chica de ojos grises, tan rebelde, me sorprendió como no lo lograba nadie desde hacía mucho. Me complació como si fuese una experta e incluso me quedé con ganas de más.
—¡La odio! —grito impotente.
Rememoro cada segundo vivido en la cama con ella, con simple sexo… Me doy asco. Gisele Stone seguramente vale muy poco, dinero y nada más, pero al rememorar mi actitud, siento rechazo hacia mí mismo. Hoy voy a tomar dos decisiones que pueden cambiar mi vida.
La primera es escribir un diario, en el que plasmaré cada arrebato. Me decidí a ello después de que esa chica me gritara: 
—¡La próxima vez, cómprese un diario y se desahoga en él!
La segunda decisión quizá sea la más problemática. Es hora de que me enfrente a lo que hasta ahora me he negado a hacer. Mi comportamiento a veces es deplorable y, aunque sé que no podré cambiar, que siempre será así y que ella no lo merece… tal vez pueda mejorar, estabilizarme.
¿Es lo que quiero? 
Me he acostumbrado a reír y gritar, golpear y mandar, todo sin límite. ¿Merecen Karen y William ser tratados así? La verdad es que no, pero me cuesta tanto…
Gisele Stone, una mera sirvienta, me está trastornando la maldita mañana, ¿quiere perjudicarme? ¡La voy a echar! 

Pero los días pasan y mi dureza, mi brusquedad y mi pasión por ella no disminuyen. No puedo imaginar que otro la toque, ni que la mire. Me obsesiono con eso. Me he vuelto adicto a Gisele Stone, vivo escondido tras una fría máscara que no le permite saber nada de mí… 
—¿Qué desea, señor Campbell?
—Cierre y venga aquí.
—¿Puedo saber para qué?
Me mira fijamente desde la puerta de mi despacho e intuyo que esconde una sonrisa. «No te atrevas a reírte de mí.»
—Creo que ya lo sabe, no me haga esperar. —La llamo con el dedo. Se vuelve y me da la espalda. Miro su falda tan corta… sus piernas… «Detente», quiero decirle. Me desespera—.Ya. 
Camina hacia mí, meneando mucho las caderas. ¡¿Qué pretende?!
Me pide dinero, repeliéndome, confirmando que es una más… Cede a mi placer y me pone contra las cuerdas constantemente con palabras y acciones. Sin embargo, solicito que sea ella quien se encargue de mi despacho, dejando atónita a Karen. 
—Así será —dice ésta sin preguntar.
Pero Gisele Stone va más lejos.
Me acaricia cuando no es eso lo que yo quiero de nuestra relación y, tras reprochárselo, se da cuenta de su error. Pero furiosa al saber que, para protegerla, le he hablado de ella a Alicia diciendo que es una esclava sexual y no la chica de servicio, un día me espera en mi cama al volver yo de una insoportable cena. 
Cuando me planta cara, sólo pienso en poseerla, en marcarla hasta que entienda que ella no es nadie para poner mi mundo patas arribar. ¡A la mierda con todo!
—Olvidar —gimo dolido, entrando en su juego.
Me froto contra ella tras discutir por su insolencia de atreverse a entrar en mi habitación no estando yo presente.
—Sus palabras son dañinas. 
—Las tuyas más —contraataca, buscando que la penetre. Pero no lo hago, aunque me muero de ganas. ¡No se merece nada!—. ¡No soy un insignificante juguete!
—Hoy ha demostrado que sí —respondo rabioso contra su cuello. La muerdo, quiero hacerle daño—. Se ha comportado como una descarada meretriz. 
Discutimos de nuevo. Le digo que se vaya, pero ella no lo hace al ver que ha desatado mi furia con su inoportuno comportamiento. Consigue que le cuente cosas de mi vida, de Alicia, de Sam… ¿¡Qué demonios busca!? 
—Usted no sabe absolutamente nada de mi puta vida —le digo—. ¡Nada de nada!
—Explíquemelo entonces. También sé que necesita desahogarse, hágalo conmigo…
Estoy aquí.
¿¡Con ella!? No, después de lo que ha propiciado con su carácter altanero.
No quiero confiar en ella. No suelo creer en nadie y menos aún al ver cada día cómo la gente me traiciona. Pero esta chica me atrae de forma brutal y además se me está ofreciendo.
—Como quiera, pero luego no se queje. Yo se lo he advertido.
Se arrodilla a mis pies y, provocadora, mira hacia arriba y se echa el cabello a un lado para que la vea a la perfección. No puedo más. ¡Me tortura! Agarra mi pene entre las manos y se lo acerca a la boca. 
—Con suavidad —le digo. Ella saca la lengua y me lame la punta. Joder.
—Mmm… está salado. Me gusta, señor Campbell.
Pasa la lengua alrededor, apoderándose de mí. Su boca es traviesa, lame y succiona. Tengo ganas de tirarle del cabello, quiero arañarla, poseer su boca.
—Más rápido, maldita sea, más deprisa —ordeno, saliendo a su encuentro, inquieto.
Entierro los dedos en su pelo revuelto, mientras ella me hace vibrar en cada chupada como una experta.
—Ha venido del infierno para tentarme, para quemarme.
Lo sé. 
Y hay más. Me da un beso tan lento y suave que me desconcierta. «Nada de cariños.» La deseo de nuevo y la reclamo.
El deseo nos lleva a explorarnos, a recorrer cada centímetro de la piel del otro, a entregarnos al placer como salvajes.

 Después de la fiesta de mi veintinueve cumpleaños con mi familia y amigos de ellos, agonizo por estar con Gisele, pero no puedo gozar más  de ella porque se ha ido de copas con su amiga. 
A pesar de ello, pasamos la noche juntos… al amanecer, me tengo que ir, pero más tarde voy a buscarla a la piscina, donde sé que pasará el día con sus amigos. Me enfurece verla con ellos y cuando su amigo Thomas la besa, me siento engañado… 
   Sin poderme contener terminamos peleando cuando sale detrás de mí.
—¡No me provoque, no lo haga! —le espeto.
Gisele intenta explicarse, pero yo no la dejo.
—Creía que eras un hombre más inteligente —dice ella—, pero ya veo que me equivocaba. A la perra de tu novia le perdonas que te engañe con tu mejor amigo, en cambio, conmigo, que no te he dado motivos para que desconfíes de mí, no lo haces. Los has perdonado a los dos sin cuestionar nada, ¿por qué a mí no me escuchas? Ya sé que me vas a decir que soy una minucia en tu vida, pero al menos déjame explicarte que esta minucia no tiene nada que ocultar.
Cierro y abro los puños, furioso.
—Se está pasando, Gisele, y mucho.
—Pues te jodes.
La agarro del brazo, rabioso y posesivo. Tengo que detener esto, necesito despreciarla y odiarla. No volver a buscarla.
—Hoy es mi día libre —añade ella—, pero aun así tú te empeñas en estropeármelo. Pues  ¿sabes qué? No lo vas a con seguir. En cuanto vuelva a entrar ahí con mis amigos, me voy a olvidar de ti y de toda tu porquería.
Lucho por creer que no me estaba engañando con Thomas, que él es sólo un amigo, sin embargo, no soy capaz. La confianza no está hecha para mí, no con la vida que he llevado.
Estoy a punto de romper el trato, hasta que recapacito en un momento de lucidez. 
—Usted dice que sólo me quiere para el sexo, para su placer —murmura seca—. Pero luego me busca cuando estoy de fiesta, o en la piscina y también me quiere llevar de compras... Le vuelvo a repetir la pregunta, ¿qué quiere de mí?
—La quiero a usted entera —confieso sin pensar, arrepintiéndome al segundo cuando noto que se estremece—. Quiero su cuerpo, su entrega, su alegría. Sin reservas. Lo quiero todo de usted.
«Sin sentimientos», añado para mí.

No soporto la idea de que pueda estar con otro. Y termino pidiéndole en su cama.
—Gisele, no quiero que nadie más la pruebe, ¿entendido?
—¿P-Por qué? —pregunta confusa—. ¿A qué viene esto?
—Porque soy muy egoísta. No lo haga, dígame que no lo hará. No al menos el tiempo que sea mía. —Le exijo que me mire a los ojos—. Prométamelo.
¿¡Por qué no dice nada!? Traga saliva.
—¡Prométamelo! —insisto—. Gisele…
Asiente y gime.
—Lo prometo —dice al fin, calmándome—. Prométalo usted también. 
—Se lo prometo.
¿Cumplirá su palabra? ¿Y yo…?

Los días siguientes sigue habiendo problemas, contradicciones, me siento confuso, hasta que decido poner tierra por medio con un viaje de negocios para mi agencia. ¡Que se vaya al infierno! Tengo que detener esto, esta angustia… ¡¡Maldita sea, mil veces maldita!!
—Matt —dice mi socio mientras desayunamos, o hago el intento—, ¿estás bien?
—Sí.
—Creía que este viaje te sería beneficioso en cuanto a los problemas con Alicia, pero te veo muy inquieto.
—Pues estás equivocado y déjame en paz.
—La has perdonado.
—También a él. —Aparto la comida—. Alicia cree que tiene que aguantar el castigo de no tener sexo conmigo hasta que yo vea que ha cambiado. En realidad son excusas. No quiero tirármela, lo que quiero es que me deje. Mientras tanto, utilizo el dinero para callarla… Qué más da. 
—¿Y con Sam?
—Si he perdonado a Alicia, ¿por qué no a él?
—Esto no puede ser, Matt, no comes, no duermes…
—¡Te he dicho que me dejes en paz!


El susurro del viento me desquicia. Pienso en Gisele y siento que me voy a volver loco si no la toco, si no la siento…
¿Qué me pasa con esa niña? «Con usted nunca sé qué hacer. Pero sí, lo extraño…», me ha dicho cuando la he llamado por teléfono, y sus palabras me han aliviado. Es como una droga para mí y en estos momentos, lejos de ella, sé que no es algo bueno para mí. 
Me estoy obsesionando, los días sin verla son una tortura. Desesperado, me he arriesgado telefoneando a mi casa para oír su voz, para sentir su simpatía, su alegría…
«Basta, imbécil —me digo—, te manipula y sólo está contigo por dinero.»
Luego está la propuesta de que haga de modelo para la agencia… Yo jamás hubiese permitido que posara para otros, pero los clientes han visto sus fotografías y les ha gustado.
A mí la idea no me alegra nada, Gisele es mía y sólo mía. Pero al verla tan emocionada con la propuesta, he accedido a que pose como chica de servicio en un reportaje. 
¿Qué mierda me está haciendo esta mujer?
Al dejarla el día de mi despedida, se la veía tan hermosa y apetecible que hubiese dado cualquier cosa por quedarme a su lado. Hasta la besé de forma diferente, con ternura.
—Lo voy a extrañar, Campbell —me dijo con voz temblorosa—. No tarde en volver. 
¿Por qué esa conexión con ella si sé que lo hace por una cuestión económica? O no… Me escucha, yo le he hablado de mi vida, sin ocultarle el monstruo que hay en mí, y no ha huido. 

—¡Dinero! —grito—. ¡Maldita seas, Gisele! 

8 comentarios:

  1. Wow Patricia me encanta este lado, claro que es un resumen de lo que pasa en tiéntame pero me gusta mucho. Gracias por publicar este lado el de Matt besos

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  2. Cada día me gusta mas este hombre, leyendo desde la historia contada por él. ... esperando con ansia el próximo. .. ;-)

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  3. Dios,estuvo buenpisimo Pat! me encanta leer desde la perspectiva de Campbell,no puedo esperar por el siguiente =)

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  4. por diooosssss!!!! que hombreeeeeee mas preciosoooo.
    patricia me tienes super entregada en la historia no tardes en subir por favo que me muerooooo!!!!

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  5. Hola Patricia:

    La mayoría de las ocasiones en que los libros están escritos en primera persona, hay detalles sobre lo que piensa o siente el otro personaje que no cuenta la historia que se pierden asi como queda sin explicar diversos momentos actitudes y situaciones. La verdad es que en Tientame tu sabes solucionar esto de forma muy buena haciendo que Gisele le haga decir sus sentimientos pero...la verdad es que faltaban estos momentos que nos estas regalando tan amablemente y que complementan la historia al tiempo que nos hacen entender a un hombre atormentado por un pasado que es incapaz de superar, por que la gente que le rodea no le ve a él sino a su chequera, porque es capaz de conformase con una mujer que no lo ama y solo lo soporta, que no creo yo que lo entienda como él piensa, por su dinero.
    Yo creo que Gisele le descoloca su mundo, sus creencias, es como si fuera un iman que se siente atraído hacia ella. Él sabe que es distinta a pesar de haber cogido su dinero, mala decisición por parte de ella creo yo. Con este relato entendemos un poco mas a este hombre que desconfía, que no tiene la suficiente seguridad en si mismo como para saber y confiar en otra persona, yo creo que piensa que no tiene derecho a que lo amen. El desconfia por naturaleza y al ver a Gisele con Thomas pasa lo que pasa.
    Y en fin no me enrollo mas,solo darte las gracias porque nos estás ayudando a comprender mejor a este hombre y su grave problema

    Besitos.

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  6. Me encanta, ya leí la parte de Gis, pero la parte de Matt también enamora y mucho

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  7. Bueno, pues ya quiero el siguiente capitulo... me fascina esa forma tan pocesiva de ser que tiene él.

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