domingo, 24 de agosto de 2014

La otra cara de Tiéntame. Capítulo 10.

He creado un espacio en la parte superior del blog donde encontréis todos los relatos. 
*Recordatorio: La otra cara de Tiéntame son mini relatos en los que de modo ampliado y con todos los detalles podéis encontrar en La chica de servicio, I. Tiéntame. El primer libro oficial de la trilogía. 
En estos capítulos cortos habrán partes recortadas o escenas omitidas por lo que comento arriba: Es un aperitivo de lo que encontrareis en la apasionante historia de Matt y Gisele. 
A diferencia de Tiéntame, aquí podremos leer los momentos más relevantes de la primera parte de la trilogía, pero narrado desde la perspectiva del protagonista masculino: Matt Campbell. 

Esto es La otra cara de Tiéntame. 
¡A por el décimo!




10. 

Diego Ruiz sigue insistiendo para que Gisele pose para su campaña y yo se lo sigo ocultando a ella. Otro secreto más. ¿Hasta cuándo?
Aun así, empiezo a ser feliz. Por las mañanas, mi mundo tiene otro color y se lo demuestro a Gisele a cada instante. Ayer la llevé a conocer mi refugio, la casa que estoy edificando y que hoy sé que será la nuestra. 
Hoy en la oficina, no me va mal. Aunque  me agobia estar aquí. Todo está tranquilo, hasta que Denis, mi socio, entra en mi despacho de la agencia.
—Van a sacar una nueva edición de la revista con la portada de La Chica de Servicio —me dice.
—¡¿Qué coño estás diciendo?!
—Me acaban de llamar para decírmelo. Necesito que avises a Gisele, dentro de tres días le mandarán el dinero que le corresponde por esta segunda edición.
Furioso, me vuelvo hacia la ventana. ¿Por qué mierda tiene que estar ocurriendo esto? Maldito el día en que le hice caso y dejé que Gisele posara para la maldita portada.
Denis me observa, atento a mi estado.
—Gracias Denis, avisaré a Gisele —digo, pero él no se mueve—. ¡¿Qué quieres?!
—Diego Ruiz. —La sola mención de su nombre me enfada—.Va a venir a España dentro de unos días y quiere que Gisele en persona le diga que no.
    Cuando llego a casa, Gisele me espera en mi habitación. Se ha puesto lencería transparente  para mí y acabamos haciendo el amor, entre bromas y desafíos. Adoro esa faceta suya y lo sabe.     
     —Ahora duerme, Gisele, y sueña conmigo, que yo también lo haré contigo.
—¿Seguro? —Se incorpora y me advierte, con un dedo admonitorio—. Espero que no me mientas y luego sueñes con hermosas modelos.
—Prefiero hacerlo contigo. Eres la tentación en persona —le respondo, inquieto por el comentario—. Eres mi descarada pervertida.
—Seré lo que tú quieras. 
   Horas más tarde, se agita en la cama con pesadillas. Yo la acaricio suavemente y la beso hasta calmarla. Estoy preocupado por mis mentiras, pero soy feliz con ella a mi lado. 


Finalmente, todo estalla. Gisele se entera de que le he ocultado el interés de Diego por ella y se encara conmigo muy enfadada.
—Esto no es querer… —dice con la voz rota—. Querer a alguien no es tomar decisiones  sin su consentimiento y a sus espaldas. No es mentir. Aunque no se acepte una situación, querer no es ocultar. 
—Gisele, ¿qué estás diciendo? Tú sabes que te quiero, ¡maldita sea!
—¿Estás arrepentido?
—¡Ya basta!
Se enfrenta a mí con la valentía de siempre.
—No lo estás, ¿verdad?
—No, Gisele, no lo estoy —confirmo, chasqueando la lengua—. ¿Y sabes por qué?
Porque eres demasiado importante en mi vida como para arriesgarme a perderte con un trabajo de esas características. Sé que eso es lo que sucedería. No pretendo perjudicarte con ello, al contrario, quiero protegerte y protegernos. 
—¿Eso es lo que te produce mi amor? —pregunta y yo me alarmo—. ¿Miedo e inquietudes? 
—No tienes ni idea. —Niego vehemente—. Hoy pensaba hablarte del maldito reportaje de La Chica de Servicio... Has tenido tanto éxito que se va a hacer una segunda edición de la revista. ¡No lo soporto, no quiero que vuelvas a hacerlo!
—¿Qué dices? —No se lo cree—. ¿Éxito?
—Maldigo el día en que dejé que posaras para mi proyecto, maldigo el momento en que te dije que sí, desesperado por volver a verte.
Veo cómo intenta controlar sus emociones, está alterada.
—Gisele, ¿vas a llorar? —Le tomo la cara entre las manos, temblando—.Te vas a marchar, ¿verdad?
—Matt…
—¡¿Por qué me haces esto?! —la interrumpo—. Apareces un buen día en mi casa desarmándome, cautivándome, y cuando consigues tenerme a tus pies, te vas a ir... ¡por un maldito reportaje! 
Siento como si un puñal se clavara en mi pecho.
—¡No empieces a divagar!
—Jamás debí confiar en ti, jamás debí dejarme llevar por tu cara de ángel. ¡Márchate si eso es lo que quieres!
Se aferra a mi pecho, pero yo hago que me suelte sin ninguna delicadeza y lanzo su libro, con el que está entusiasmada, contra la pared.
—Matt, ¡cálmate! —Miro por la ventana, sin ver nada y de nuevo se me abraza, esta vez desde atrás—. No me pienso marchar, deja de pensar que lo voy a hacer.
—Suéltame, no quiero tu maldita compasión. No pretendo amarrarte a mi lado por pena. Gisele, por favor, márchate si eso es lo que quieres.
—Matt, no es verdad, ¡no es lo que quiero! —Me vuelvo de cara a ella—. ¿No ves en mi mirada lo mucho que te quiero? —me pregunta—. Me duelen tus dudas. ¿No entiendes que lo nuestro es tan repentino como intenso y fuerte? 
—Gisele... —susurro—, quererte tanto me duele.
Por un momento se queda callada, pensativa. Sabe que me vuelve loco no saber qué piensa o qué siente.
—Sé que un día serás consciente de la carga que supongo para ti y te irás, lo sé —digo—. Lloras porque te duele ver que es verdad. Te entristece porque, aunque me amas, ese amor no es suficiente para soportar mi inestabilidad... Me asusta ver que no seré capaz de mantenerte a mi lado.
—Matt, escúchame, por favor —me pide, mirándome con tristeza. Me tira del brazo y nos sentamos en el sofá. Antes de hablar, me acaricia la mejilla—.Te encierras en tu mundo y te atormentas. La que se asusta soy yo de ver lo que hago contigo, cómo te descontrolas cuando no me dominas… Mírate, Matt, tus miedos aumentan los míos y ninguno de los dos disfrutamos de esto. Quererme te destruye. 
—No me abandones —le ruego—, sabes que te necesito a mi lado.
—No, Matt, ya no sé qué necesitas. —Solloza y yo la rodeo con los brazos, acercando mi boca a la suya. Necesito su aliento para mantenerme con vida—. Me desconciertas. Me acabas de decir que me marche y ahora que no lo haga. ¿Cómo sé cuándo hago bien?
—Siempre que no me dejes harás bien... No me escuches cuando te pida algo tan estúpido como que te vayas, sabes que no lo siento —susurro, frotando mi mejilla contra su palma—. Dime que te vas a quedar.
—No había pensado irme…
—Bésame y demuéstrame cuánto me quieres —le pido, bebiéndome sus suspiros—. Dime que me vas a querer siempre.
—Siempre —me promete—. Siempre, Matt.
Entrelaza los dedos tras mi nuca y me besa con ansia. Y a la vez con tanta ternura y suavidad que hace que me pierda. Adoro cada una de sus facetas, cuando se entrega salvaje en el sexo y cuando, como hoy, es delicada. 
—Así te quiero, Matt, incondicionalmente —declara, pegada a mi boca—. No lo dudes nunca. 
—Dime que harás lo que te pida por verme feliz.
—Sabes que sí —contesta insegura—. ¿Qué es lo que quieres de mí, Matt, qué?
«Lo quiero todo. Absolutamente todo.»
—No vuelvas a posar nunca más. Tengo dinero y puedes disponer del que necesites. No te va a faltar de nada, te lo prometo. 
—Matt, no me pidas esto. Si adaptarme a ti implica dejar de ser quien soy, eso no es lo que quiero —me explica—. Me encanta experimentar, en este tiempo has podido comprobarlo, y posar me gustó y me llenó. Tengo metas y me propongo cumplirlas, como he venido haciendo hasta ahora. Vine aquí para ganar el dinero que necesito para seguir estudiando. No es estabilidad económica lo que busco. 
—¡No estoy de acuerdo, no, Gisele!
—Recuerda que no te estoy pidiendo permiso —replica desafiándome, de pie frente a mí, con el mentón levantado y los brazos en jarras—. Matt, sé que nada es fácil y si tengo que estar en la redacción de un periódico de pueblo para hacer lo que me gusta, lo haré. Pero mi meta es llegar más alto y no lo voy a dejar aquí. No terminaré algo que aún no he empezado. 
—Gisele, sé que no te importa mi opinión, pero no quiero que lo hagas. Te suplico que no lo hagas.
—¡Eres tan egoísta! —responde, golpeándome el pecho—. ¡No me puedo creer que me estés pidiendo eso! ¡Ésta soy yo, Gisele Stone, y no me vas a manejar y cambiar a tu antojo!
—¿Vas a llorar? No llores, por favor, me parte el alma verte así. Gisele, perdóname. —Se abraza a mí—. Si quieres hacer esos reportajes, hazlos. Si eso es lo que has decidido, adelante.
—¿Estás dispuesto a ceder por mí...?
—Por ti haría cualquier cosa, no lo dudes. Gisele mírame, dime que me perdonas. Voy a perder la cabeza si no lo haces.
—No tengo nada que perdonarte. Matt, perdóname tú...
—¿Perdonarte, por qué? Gisele, ¿qué te tengo que perdonar?
—No haber sabido entenderte, calmarte. Siento todo el mal que te hago.
—No, no, no, cariño. No pienses eso, no pidas perdón por algo que no has hecho... Estoy  tan asustado, que hago y digo cosas horribles, pero no es tu culpa, sólo mía por no saber confiar en ti. Y lo mereces tanto.

—Te amo tanto, Matt, nunca olvides que eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

4 comentarios:

  1. Ufffff q capitulo mas intenso!! Me ha sabido a pocoooo! Me encanta esta pareja, esta historia....q imaginacion tienes Patricia Geller....me encanta también!

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  2. Que bonito. Cada vez me gusta mas y me tienes con mas ganas de leer los siguientes Enhorabuena Patricia y de nuevo Gracias por darnos estos relatos que son maravillosos.

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  3. Genial patricia como siempre sin comentarios. ....;-)

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  4. Hola por aqui:

    Bueno ya decía yo que me faltaba un capitulo por leer y desde luego hay mas intensidad en estos momentos que en la versión de Gisele y esto ya es decir mucho porque si algo tiene Tiéntame es lo intenso que es.
    Cuando lei esta parte por primera vez de la mano de Gisele, estuve de acuerdo con ella porque prohibir no es amar, decidir por la otra persona no es amar, querer ocultarla del resto de la gente, no dejarla seguir con su vida, pretender que no sea ella misma, no dejarla realizar sus sueños, realmente son actos egoistas. Pero ahora viendolo desde la otra perspectiva veo que me equivoque, ya que lo que Matt siente es miedo, tiene tanto miedo a perderla que está dispuesto a hacer lo que sea porque eso no pase, incluso dar su brazo a torcer y dejarla hacer esas fotos.
    Besos.-

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