jueves, 28 de agosto de 2014

La otra cara de Tiéntame. Capítulo 11.

Hoy es el penúltimo relato de La otra cara de Tiéntame. Será el domingo cuando lo publique el último y a raíz de ahí... Vamos con la promoción de La chica de servicio, II. Poséeme, que saldrá el dos de octubre.

*Recordatorio: La otra cara de Tiéntame son mini relatos en los que de modo ampliado y con todos los detalles podéis encontrar en La chica de servicio, I. Tiéntame. El primer libro oficial de la trilogía. 
En estos capítulos cortos habrán partes recortadas o escenas omitidas por lo que comento arriba: Es un aperitivo de lo que encontrareis en la apasionante historia de Matt y Gisele. 
A diferencia de Tiéntame, aquí podremos leer los momentos más relevantes de la primera parte de la trilogía, pero narrado desde la perspectiva del protagonista masculino: Matt Campbell. 


Esto es La otra cara de Tiéntame. 
¡A por el once!





11.
La frialdad de la cama me hace despertarme. Gisele no está a mi lado, ¿he dormido unas horas? Increíble, pienso sonriendo. ¿Dónde está mi pequeña diabla? No me voy a alarmar, no hay por qué… Pero no la encuentro y al asomarme por mi ventana mi mundo se rompe en mil pedazos, está huyendo con una mochila en medio de la noche.
—¡Mía!
Al llegar abajo veo cómo se dejar caer de rodillas. ¿Está llorando? ¡Me está dejando! Me duele tanto que mi alarido de dolor detrás de ella en el jardín, no puede disimularlo.
—¡Gisele! —Se tensa—. ¡Gisele, ven por favor!
Agotada, me da la cara. Corro hacia ella, con la única prenda como el pantalón. El miedo a perderla no me ha permitido entretenerme. Nada tendrá sentido si cruza la puerta. 
—¿Esto es ser mía? —le reprocho asustado—. Confío en ti, pienso que soy un imbécil por haber pensado que me ibas a dejar y de­ cides marcharte en mitad de la noche... abandonarme. ¿Por qué, Gisele? ¿Por qué? ¡Me has hecho una promesa!
—¡Porque no soy buena para ti!
—¿Que no eres buena para mí? —repito alterado—. ¿De dónde diablos has sacado eso?
—¡De verte, Matt, mírame!
No entiende que es mi puta vida.
—Gisele, ¿eres consciente de cómo he creído morir al ver desde mi ventana que te ibas? ¡Estoy sangrando por dentro! Sé que no merezco que me quieras, pero que me abandones de esta manera...
—¡Lo sé, maldita sea! —Llora mucho, sé que defraudada. Sus ojos no mienten—. ¡No he sido yo, yo no me rindo!
Me duele tanto su traición.
—¿Me amas? —pregunto sin fuerzas. Mi madre me dejó una madrugada, como ella pretendía hacerlo—. ¿Gisele… me amas?
—Tanto que hasta me duele —declara tomando aire—. Si he pensado en irme no es porque no te ame... Es porque no quiero hacerte sufrir más. Sé que tú piensas que no eres bueno para mí, pero créeme, yo soy la que te perjudico.
—Te equivocas, ¡no lo haces!
—Precisamente porque te quiero he pensado en irme —mientras habla me zarandea, ¿¡qué pide!?—. Pero antes de hacerlo he comprendido que no puedo hacerlo, aunque te destroce, aunque me destroce... ¡Te amo, Matt, y también yo soy así de egoísta!
Ya no puedo creerla, me llena de las dudas que creí borradas.
—Pero lo has pensado, has estado a punto de hacerlo. ¡Maldita seas, Gisele, eres mía!
—Lo soy Matt, ¡nunca he dejado de serlo!
La aprieto entre mis brazos, sin gritos, agotados por esta relación que se complica más cada día. No hay rabia, hoy siento que es momento de abrir por completo mi corazón. No puedo pasar por una situación parecida y si es lo que necesita para atarse a mí… Lo haré. Me aparto y meso su rostro. Tierno, ella se relaja con el gesto.
—Gisele, ¿sabes lo mucho que te amo?
El color de su rostro, incluso en la oscuridad de la noche, varía. Empieza a temblar sin responderme, no sé si es un buen signo dado en el punto en que nos encontramos. Su respiración se altera, su rostro se contrae y sus ojos se inundan de nuevo. Si no me abraza y me dice que ella también a mí, voy a perder la cabeza.
—Nena, ¿qué te ocurre?
—¡Lo has dicho, Campbell! —masculla y golpea mi pecho—. Maldita sea, dímelo de nuevo.  ¡Ves, he estado a punto de irme y no quería!
—¡No me lo recuerdes…! ¡Te amo! Por Dios, Gisele, estoy arrepentido —imploro asustado—. ¿Cómo podría vivir sin la persona que más necesito? Lo que tenemos es especial, ¡eres mía, joder!
Desesperado al sentir que se me escapa de entre los dedos, la tumbo en el césped y la beso agonizando.
—Te ataré a mi cama, nena y jamás pensarás en dejarme. Te daré todo, lo prometo, no puedo creer que estés aquí —susurro, hambriento de ella… Pero no, no aquí—. No, no te reclamaré sin más en el sexo. Tú mereces que te haga el amor y, será en nuestra casa. Te vendrás a vivir conmigo pronto, lo sé.
No quiero ni parpadear. Temo. Sonrío sin ganas y la acaricio; está aquí.  
—¿Lo sientes, Gisele, sientes cuánto te quiero? 
Afirma y se curva. Me besa, me aprieta la cara. Sé que está arrepentida o es lo que quiero creer. Mal, nos levantamos y le imploro ayuda…
Cojo sus cosas y hablamos en la habitación.
Quiero que sea mi mujer. Ella se resiste… lo será.
¿A dormir? ¿¡Me dice que a dormir después de lo que mi mente tiene grabado!? ¡No puedo! Estoy lleno de angustia. La miro fijamente y atormentado, la saco de la cama y la pongo a mi altura. Su diminuto pijama le cuelga de la cintura… ¡Mía!
—¿Qué pasa, Matt?
—Que te amo Gisele, te amo. —Busco su mirada, creo conocerla y ambos pensamos en la huida de minutos atrás—. Gisele, no vuelvas a hacerlo, por favor.
—Perdóname —implora arrepentida—, me duele pensar en el daño que te he hecho al irme… ¡Pensé, idiotamente, que era lo mejor para ti, para que fueras feliz!
—¿¡Sin ti, Gisele, sin ti!? —La agito furioso—. ¿Sin la persona que tanto necesito a mi lado para poder respirar? ¡Explícamelo para que lo entienda!
—La presión Matt —susurra con calma. Sigue sorprendida y yo lastimado—. He dudado, no me preguntes cómo pero lo he hecho, dudé de tu amor. ¡Lo hice pese a sentirlo, aunque las palabras no salieran de tu boca! ¡Yo las sentía!
—¡Basta!
—¿Me perdonarás?
La ahogo con mi cuerpo, desesperado por tenerla para mí toda la maldita vida que me quede por delante. Hay miedo en ella, yo no controlo lo vulnerable que me ha hecho sentir. Sin orgullo, le respondo:
—Sabes que lo haré, Gisele. Sabes que haré cualquier cosa que me pidas y también sé que sabes por qué…
—¡No me lo recuerdes!
—¡Me dejabas, te ibas!
Llora. Me bebo sus lágrimas, la apremio. Hay ansiedad en nuestro beso.
—Gisele, estoy asustado —gimo contra sus labios.
—Lo siento tanto…
Y yo también… Por la furia que me desgasta, le hago caer al suelo. Estamos tan coléricos que no se siente la frialdad, necesito que me entregue todo de ella. Aquí y ahora… Mientras nos besamos, devoramos y luchamos por el poder del otro, las palabras y súplicas llenan el intenso momento:
—Tócame, Matt, por favor… Tócame.
—Mía, nena. No vuelvas a hacerlo, ¡no!
—No, no, no. Te amo… te amo.
Hay sollozos, arañazos y descontrol en nuestra unión. El desenfreno al enterrarme en su cavidad me colma, la amo, la quiero y medito si tras nuestros problemas, la oposición a nuestro alrededor de nuestros hermanos…  Sus padres que aún no saben nada, lejos, lo necesario es unirnos formalmente.
—Serás mía siempre —clamo hambriento de toda ella—. No dejaré que te vayas.
—No…
—Te estoy haciendo el amor… —susurro moviendo las caderas—, no te reclamo en el sexo sin más. ¿Lo sientes?
Hemos perdido, el amor nos ha acorralado y tenemos que enfrentarlo. ¿Desafiando al mundo? ¿Convirtiéndola en mi esposa? Es una locura.
—Sí… —Me muerde el labio—, lo siento.
Me adentro en su carne, disfrutando de la plenitud de Gisele Stone… La atropello en cada enérgica embestida, no hay marcha atrás. Hoy la marco como mía. Y por ello susurro entremedio de nuestra batalla:  
—Siéntelo, nena… conmigo, juntos. 
—Mírame. Aunque me sea difícil expresar mis sentimientos, te quiero. Sé que te puede asustar lo enfermizo que parece, obsesivo, posesivo mi amor por ti, pero te amo así y no puedo evitarlo.
—Siento haberte pedido cambios; es más, sé que no los harás y, aunque me desesperes muchas veces, tampoco yo quiero que cambies. Te necesito como eres, por ello me tienes a tus pies, jamás he conocido a alguien como tú.
No deja de llorar con cada sentida palabra, hasta que en medio de nuestra burbuja intensa y fogosa, consigue hablar:
—Te amo Matt y necesito que te controles, no quería irme.
Limpio sus lágrimas y la abrazo.
— Perdóname… Ayúdame, sólo no puedo.
Le pido, ¿pero la dejo hacerlo?



3 comentarios:

  1. Hola por aqui:

    Madre mía que intenso, ha sido mas intenso que en la versión de Giselle en Tientame. Realmente ahora me doy cuenta del daño que le hizo al intentar marcharse ya que su madre le dejo de la misma manera, lo que me lleva a plantearme el porque la madre lo dejo, ya que si Gisele ha sido capaz de irse por amor.. Pero la diferencia está en que Gisele no ha podido hacerlo pues le ama tanto que no puede estar sin él. Y lo mas importante de todo es que con su marcha ha logrado romper la barrera de Matt consiguiendo que la diga lo que su corazón ya sabía y es que la ama.

    besos

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  2. hermoso!! él es simplemente hermoso!!!

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  3. Por fin! por fin le dice que la ama!!!
    Ahora entiendo el dolor de Matt al darse cuenta de que lo estaba dejando en medio de la noche cuando más indefenso estaba,dormido sin poder darse cuenta de nada hasta que sintió su ausencia; tal y como lo hizo su madre. Matt es tan complicado que el mismo los sufre. GRACIAS PATRICIA POR OTRO RELATO HERMOSO! ya falta menos para Poséeme!!!

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