viernes, 8 de agosto de 2014

La otra cara de Tiéntame. Capítulo 6.

Lo prometido es deuda, como el último relato que publiqué era muy cortito, hoy vengo de nuevo y más pronto que de costumbre con el sexto. ¿Preparados?
He creado dos espacios en el blog para que encontréis todos los relatos que se han publicado hasta ahora. Tanto en la parte superior de la página, como en las pestañas de abajo a la derecha. 

*Recordatorio: La otra cara de Tiéntame son mini relatos en los que de modo ampliado y con todos los detalles podéis encontrar en La chica de servicio, I. Tiéntame. El primer libro oficial de la trilogía. 
En estos capítulos cortos habrán partes recortadas o escenas omitidas por lo que comento arriba: Es un aperitivo de lo que encontrareis en la apasionante historia de Matt y Gisele. 
A diferencia de Tiéntame, aquí podremos leer los momentos más relevantes de la primera parte de la trilogía, pero narrado desde la perspectiva del protagonista masculino: Matt Campbell. 

Esto es La otra cara de Tiéntame.

¡Vamos por el sexto! 

6.

No me perdona. Me pide tiempo… Llora y sé que le duele, aunque lo quiera disimular. Temo perderla y quiero creer que también ella teme perderme a mí. Pero no es amor lo que siento, me niego a pensar eso. La posibilidad del desengaño siempre está presente y también la barrera que yo mismo levanto, protegiéndome. No soy vulnerable…, no quiero serlo.
Tenemos una fuerte discusión y me voy de viaje unos días.
No duermo, Gisele me atormenta en la distancia y, con pesar, reconozco que la echo de menos… A mi vuelta, me cuelo en su habitación y la miro dormir. Algo se ablanda en mi interior, estoy cediendo. Parece inquieta, intuyo que también está mal y, egoístamente, necesito creer que es por mí. 
—No me has llamado —le reprocho en voz baja, cerrando los ojos—. No me has perdonado. —Camino hacia la puerta, negándome a contemplarla más—. Todo es una mierda. 
Me encierro en mi habitación. ¿Podré dormir?
Tengo pesadillas, siempre las he tenido, pero hoy se abren con más intensidad las heridas. La causa es la misma de siempre: me siento abandonado.
Pero Gisele Stone me sorprende de nuevo colándose en mi habitación. Y hoy por primera vez le imploro que me bese mientras hacemos el amor…
—Béseme, Gisele —suplico.
—¿Q-Qué?
—Pídamelo. —Me fundo en su interior, retrocedo—. Pídamelo, Gisele.
—¿Lo haría?
—Pruébelo.
¿El motivo? Porque no es un polvo más y, desesperado e impaciente, me dejo llevar por el sentimiento que me ata a ella.
—Hoy me ha besado mientras… ¿Qué significa para usted besar mientras tiene sexo? —dice después, aunque sabe que odio las preguntas.
—Que no es sólo sexo.
—Y entonces ¿qué es?
—Usted se ha convertido para mí en alguien especial.
Me mira emocionada y, a continuación, me dice que no quiere mi dinero, que nunca lo ha querido, y me devuelve el que ya le he dado.
Me la quedo mirando en busca de algún signo de tomadura de pelo. Ella se ríe con picardía y parece sincera. Me desarma cuando me acaricia la mejilla con ternura, acelerando mi sombrío corazón. 
—¿Qué quiere decir? —pregunto cauteloso—. ¿No desea que le pague?
—Eso he dicho.
—¿Por qué? ¿Porque le gusta tener sexo conmigo o porque le gusto yo? —Aguardo su respuesta en vilo. Y ella sabe que exijo sinceridad.
Se deja caer hacia atrás, desnuda… Es una diosa bella y sensual. ¿Qué pretende? Me contengo, luchando conmigo mismo. La bestia pide ser liberada.
—La verdad es que tener sexo con usted es un placer —asegura picarona—. Pero no podría hacerlo si usted no me gustara, por supuesto. Y me gusta… mucho.
—¿Desde cuándo?
—Aclare la pregunta, ¿desde cuándo qué?
—Le gusto. —Y añado—: Mucho.
Resopla.
—Desde el primer día que lo vi. Incluso tan prepotente, borde y salvaje como se mostró. —Lo dice con dulzura, sonrojada—. Y los días van pasando y usted se va mostrando... Bueno, se ha convertido en parte de mi día a día. Si no está, lo extraño, estoy decaída, no hay diversión.
Una repentina felicidad se apodera de mí. ¿Cómo puedo gustarle? Me sorprende, me impresiona. Yo también me siento así. 
Toda mi idea de Gisele cambia. El sobre con el dinero está delante de mí y no ha tocado ni un solo euro. Le gusto. Pero entonces ¿qué la llevó a aceptar? 
—¿Por qué se queda callado? —Parece preocupada.
—¿Por qué aceptó el trato?
Se tapa con la sábana, sabe que no puedo apartar los ojos de su cuerpo e intuyo que ella también necesita aclarar lo nuestro con la cabeza fría. Se la ve pensativa y orgullosa de su decisión. 
—Sabe que me gusta chincharlo. Sobre todo, después de la forma en que usted se comporta a veces. —Se sienta sobre los talones y prosigue—: El primer día, entró en mi habitación prácticamente exigiendo... Yo sabía que de una forma u otra íbamos a terminar como lo hicimos, pero quería demostrarle que no iba a ser una mujer sumisa a la que pudiera manejar a su antojo. Y me propuse pagarle con su propia moneda.
¡Joder, joder! Si ella supiera adónde me llevó esa misma reflexión al día siguiente.
—Gisele, nunca le he dicho cuánto lo siento. No sé qué me pasó con usted desde el primer momento.
—¿No lo sabe o no me lo quiere contar?
—Pensará que estoy loco.
Ríe.
—Ya lo pienso —me susurra al oído, lamiéndome la oreja—. Cuéntemelo. 
La acomodo junto a mí y apoyo la cabeza en su hombro, mientras ella juega con mi cabello, regalándome una ternura que me trastorna, que me desarma.
—Aquel día no podía haber ido peor, Sam, Alicia... No eran celos lo que sentía, sino rabia por su traición. Yo confiaba en ambos. Y entonces me encontré ante una criatura de ojos grises tan transparentes que me encendieron, descontrolándome.
Está temblando, su corazón galopa frenético. ¿Qué sentirá? Y como no dice nada, continúo: 
—Además, usted me desafiaba, me ponía a prueba y me alteraba como nadie. La quería tocar, probar, y por primera vez en los tres años que llevaba con Alicia, no me importaba serle infiel, aunque en teoría ella y yo ya no estábamos juntos. 
»Quería engañarla con la descarada que había aparecido en mi despacho excitándome... Sentí que usted era mía, eso era lo único que pensaba, igual que el día que Thomas la besó.
Me enervo al pensar en su amigo. 
La dejo sobre la cama y le tiro suavemente del pelo, exigiendo que me mire. Sus ojos impacientes me estudian, es preciosa ¡joder!, y nadie más que yo puede tocarla.
—Y lo es, recuérdelo, Gisele, me lo ha prometido.
—No lo olvido.
Se acurruca y me arrastra con ella. Nos quedamos tumbados de lado, sin tocarnos. He saboreado cada parte de su cuerpo en diferentes posturas. He penetrado por primera vez donde ningún otro lo había hecho, enseñándole a probarnos en la intimidad. Nos miramos.
¿Es mía? ¿Hasta cuándo la querré de esta manera? ¿Podrá soportar mis miedos…? 
—¿Qué pasa? —susurra, interrumpiendo mis pensamientos—. ¿Qué es lo que lo tiene tan lejos de aquí?
—Nada —contesto con sequedad—. ¿Qué hace esta noche?
—¿Me está pidiendo una cita, señor Campbell? —ronronea.
—No lo creo —respondo divertido. Me prueba constantemente, su sonrisa brilla radiante—. Pero hoy me gustaría salir y quiero hacerlo con usted.
—Bien, entonces podríamos tener una no-cita. ¿Qué le parece?
Acepto.

Le compro bombones, no es un detalle romántico, es un detalle. Sólo eso.
Al volver esa noche de la cena, tan aclaratoria sobre nosotros y nuestra relación, la arrastro impaciente hasta mi cuarto. Está preciosa, provocándome como una condenada diablesa.
¿Quiere sacarme de quicio? Parecen no importarle mis extraños comportamientos. ¿Y si…? ¡No! Le quito la ropa casi arrancándosela y ella hace lo mismo con la mía. Su deseo es del mismo calibre que el mío. 
—Gisele… esto se nos está yendo de las manos. 
—Lo sé. —Me acaricia el pecho y me lo besa. «Tengo que pararla»—. No me lo recuerde.
—¿Va a dormir conmigo?
Busco su boca, acariciando sus pezones sensibles y rosados. Enhiestos, esperándome. No tiene idea de lo que hace conmigo.
—Si me lo pide, lo haré… Haré cualquier cosa, pero tóqueme. No deje de hacerlo, por favor… —Suspira. Me mira con detenimiento y su mirada se ilumina, provocándome ternura. ¿Qué siente? ¿Hay más? Me resisto a que lo haya—. Campbell, lo echaba de menos, no me deje más —carraspea—, por ahora. 
«Por ahora…»
Se pone a horcajadas sobre mí y yo la penetro hasta que me acoge por completo. Gemimos y de nuevo se atreve a besarme en la boca… No se lo niego. Sé que no es sólo sexo. ¿Alguna vez lo ha sido desde que llegó? ¡¿Tanto me he equivocado con ella?!
—Quédese —susurro—. No se vaya esta noche.
—Las que quiera.
La lanzo sobre la cama y arremeto con fuerza, con intensidad. Ella me acoge en su interior con cada dura embestida. La empalo con el mismo anhelo con que necesito respirar, hambriento, perdiéndome en cada caricia que recibe mi cuerpo. 
Beso sus pechos, su cuello… La chupo, la saboreo. Empiezo a quererlo todo de ella, ¿o siempre lo he querido? Estoy confuso y la única forma de ahuyentar los complicados pensamientos que me llegan es clavándome en ella y penetrándola salvaje. La bestia se libera… 
Gisele Stone no tiene límites y me devuelve cada gesto con la misma desesperación que yo. Me pide más y yo… se lo doy. 


8 comentarios:

  1. uffff este hombre me mata por diosss!!......es tan apasionado, intenso, caliente.....y su vez tan borde!....jajajaja.

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  2. Oh Dios! Todo es hermoso Patricia! Felicidades!! Saludos! 😘

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  3. Genial me encanta. Lo espero como agua en sequia

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  4. Patricia de verdad no se cómo lo haces,me encanta cada capítulo que he leido desde la perspectiva Campbell!!muchas gracias por otro apasionante capítulo, y ya falta menos para el segundo!!!! =)

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  5. Genial, como siempre... y aunque sea poquito, sabemos como se siente.

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  6. Que bonito Patricia, me encanta leer esta otra cara de tientame y aunque la espera se hace larguilla porque estoy deseando conocer como sigue estoy encantada con la historia contada por el. ;-)

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  7. Hola por aqui:

    Había leido este ya pero no pude dejarte comentario porque estaba con un portatil del año catapum y no me dejaba.
    Bueno aqui vamos viendo como Matt poco a poco se va dando cuenta de que Gisele no es una más, que no solo es esa descarada que aparece en su despacho en uno de sus peores momentos y con la cual deseo tener sexo para fastidiar a Alicia. Gisele es algo más y ella se lo demuestra devolviendole ese dinero que al cogerlo en su día yo siempre pensé que cometió un error.
    Él se resiste a ese sentimiento, se marcha para alejarse de ella, pero hay algo que siempre lo trae de vuelta a Gisele, algo que tiene un nombre y solo hace falta que él se lo ponga y se de cuenta de que en esta vida no todas las personas son iguales., debe darse una oportunidad.

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