martes, 12 de agosto de 2014

La otra cara de Tiéntame. Capítulo 7.

Nuevo relato. ¿Os acordáis de cuando atacaron a Gisele en la fiesta de la familia Campbell? ¿Alguna vez os habéis preguntado qué sintió Matt al verlo? ¿Qué no vio Gisele...? En este capítulo lo vais a descubrir. Espero que lo disfrutéis.
He creado un espacio en la parte superior del blog donde encontréis todos los relatos. 

*Recordatorio: La otra cara de Tiéntame son mini relatos en los que de modo ampliado y con todos los detalles podéis encontrar en La chica de servicio, I. Tiéntame. El primer libro oficial de la trilogía. 
En estos capítulos cortos habrán partes recortadas o escenas omitidas por lo que comento arriba: Es un aperitivo de lo que encontrareis en la apasionante historia de Matt y Gisele. 
A diferencia de Tiéntame, aquí podremos leer los momentos más relevantes de la primera parte de la trilogía, pero narrado desde la perspectiva del protagonista masculino: Matt Campbell. 

Esto es La otra cara de Tiéntame. 

¡Vamos por el séptimo! 
                         


7. 

Me despierto al notar que su cuerpo se aleja del mío. Incómodo por el frío que siento sin su piel, la busco. Está boca abajo, con su suave y blanca espalda desnuda, su largo cabello esparcido a su alrededor sobre la almohada y su semblante tan indefenso que duele mirarla de lo hermosa que es. Sé que últimamente le robo horas de sueño, pero ¿qué puedo hacer? 
En mi cabeza resuena la ansiedad de sus preguntas, preguntas que me han marcado ferozmente. «¿Qué pasará cuando me vaya? ¿Ya nunca más voy a saber de usted?» 
Necesito tiempo para saber hasta dónde soy capaz de dejarme arrastrar en mi obsesión por ella. Sobre todo para que Gisele conozca al verdadero Matt, antes de arrepentirse de sus preguntas. ¿Querrá quedarse conmigo? ¿Por qué me produce todo esto? ¿Me abandonará? Si es así, no lo soportaré. 
—Sí —musito—. Sería lo mejor.
Acaricio la piel clara de su espalda sin defectos. Se mueve y susurra:
«No me dejes…»
¿Se referirá a mí? No me conformo con acariciarla y beso su hombro derecho y luego el izquierdo. Su cuello, disfrutando de la paz que sólo ella sabe darme.
La rodeo por la cintura. Gime y suspira y, cuando estoy a punto de dormirme de nuevo, pese a que ya está amaneciendo, la puerta de mi habitación se abre de golpe.
—Matt, Alicia quiere... Oh... —Al incorporarme bruscamente, veo que Roxanne, mi hermana, nos mira horrorizada. Alicia entra detrás de ella.
Se las ve perplejas y ofendidas, pero ninguna dice una sola palabra. Me levanto rápidamente, tapo a Gisele con las sábanas de seda y corro a ponerme el pantalón del pijama.
—¿No sabéis llamar? —pregunto en susurros—. ¿Qué coño hacéis aquí?
—¡Ésa es la perra! —grita Alicia furiosa—. ¿¡Matt, cómo has podido!?
Mi mirada se vuelve hacia Gisele, está tan cansada que ni los gritos la afectan.
—Fuera las dos de aquí —les espeto enfadado—. La vais a despertar.
—Matt... —Roxanne se calla de nuevo.
—He dicho fuera las dos, esperadme en mi despacho. —No se mueven—. ¿Estáis sordas?
No quiero que se despierte y os encuentre aquí, idos.
—Pero ¡Matt! —insiste Alicia y esta vez sí sobresalta a Gisele.
Furioso, me acerco a ellas y las empujo fuera de la habitación con brusquedad. La rabia me domina ante mi impotencia.
—Al despacho, ahora. —Y les cierro la puerta en las narices.
Frustrado y rabioso, me acerco a Gisele y la miro dormir. ¿Qué le diré de todo esto?
¿Cómo se sentiría si supiese lo que acaba de ocurrir? 
Estoy hecho un lío, no sé cómo actuar con ella. Por una parte, temo hacerle daño, por lo que, para evitarlo preferiría no decirle la verdad, pero tampoco puedo mentirle… Una vez más, ¿qué debo hacer? ¡No puedo con esta indecisión!
Roxanne y Alicia me esperan abajo, pero ¿quién tiene ganas de bajar, teniendo a esta hermosura en mi cama? Tan sexy, provocativa... dulce. Pero para protegerla y que esas dos no monten un escándalo, tengo que hablar con ellas. 
Me inclino y le beso el cabello. Huele tan bien, está tan preciosa cubierta con mis sábanas, impregnadas del olor a sexo que hemos compartido durante horas… Quiero quedarme y que al abrir los ojos se encuentre conmigo. Pero maldita sea, he de bajar. 
Dejando un reguero de besos sobre sus hombros desnudos y sintiéndome el hombre más miserable de la tierra por dejarla sola después de la noche que hemos vivido, la arropo de nuevo y me preparo para la batalla. 

Roxanne y Alicia me esperan con cara de asco. Lo ignoro y las invito a pasar a mi despacho. Mi relación con mi hermana no pasa por su mejor momento.
La guerra va a empezar.
—¿Qué coño hacíais en mi habitación?
Roxanne está atónita por mi mal genio con ella, pero Alicia se adelanta y dice:
—Matt, ayer me pasé todo el puto día llamándote, pero como no contestas, he decidido venir temprano a verte aquí, ¿y qué me encuentro? —Río irónico, ella dando clases de moralidad, cuando no sabe quién es el padre de su hijo—. Ya veo que todo esto te divierte, ¡pues a mí no! Me debes una explicación.
—Alicia… —le advierto secamente.
Roxanne y ella son buenas amigas y no quiero enfrentarme a la perra que quizá sea la madre de mi hijo. Tal vez no debería intentar salvaguardar su reputación, pero tengo que evitarle cualquier daño a ese niño… No quiero que pase por lo que yo pasé. 
—¡Matt, por Dios, es normal que te pida una explicación! —reacciona por fin Roxanne—. ¿Te has vuelto loco? Alicia está esperando un hijo tuyo, es tu novia, y tú estabas con esa chica en la cama... —susurra como en estado de shock. 
—Roxanne, no deberías meterte en este asunto. Además, debes saber que Alicia y yo ya no estamos juntos, es decir, que con mi vida puedo hacer lo que me dé la gana.
—Sólo quiero saber una cosa, Matt, y me marcharé —responde mi hermana. Yo afirmo tenso con la cabeza—. ¿Qué significa Gisele para ti?
Suspiro hondo. ¿Qué significa Gisele para mí? No hay una respuesta a esa pregunta, porque ni yo mismo lo sé aún... Me cuesta respirar cuando ella no está a mi lado, me siento triste, vacío... diferente. Y eso significa…
—Oh, Dios mío... —jadea Roxanne, mirándome horrorizada. ¿Qué le pasa?—. Será mejor que me vaya ahora. Esto no puede estar pasando.
La veo marcharse y no entiendo nada. Nunca podré olvidar esa mirada. Se va tan espantada que me asusta. ¿Qué mierda le ha pasado? ¿Qué ha visto?
—Alicia, creo que será mejor que tú también te marches. —Se aproxima a mí con paso tan airado, que la falda de su vestido verde se balancea—. No te me acerques.
—¿Crees que me puedes dejar por esa perra? —Rujo en mi fuero interno—. ¿A cuántos más se ha tirado para conseguir un empleo?
Por un momento, odio a la mujer que un día no tan lejano formó parte de mi vida. El puño me arde. ¡Dios, si pudiera…! Pero la imagen de Karen viene a mi mente… y no, yo no soy así.
—¡Fuera! —grito casi zarandeándola—. ¡No te atrevas a hablar así de ella! ¡Gisele es mil veces más mujer que tú! ¡Es pura, honesta, sensible y cariñosa! ¡Todas las virtudes que tú jamás poseerás!
¡No puedo más!

Gisele me encuentra en mi despacho, donde me consuela, pese a que la he dejado sola en la fiesta que han organizado mis padres. Ve la lucha que estoy librando, se preocupa... Estoy agobiado, sobre todo porque no puedo quedarme aquí encerrado eternamente, pero no me siento cómodo con tanta gente. 
Al final acabamos discutiendo, como tantas otras veces. Gisele me necesita, me lo dice, lo veo. 
Yo me encierro en mí mismo, hasta que la veo llorar en otro momento, después de haber acercado posturas. Para colmo, estamos en otra de las dichosas fiestas de mis padres. Sé que se ha enfrentado con Alicia, pero no sé de qué modo o qué se han dicho.
—Escúchame, no quiero verte así —le digo angustiado—. Quiero que salgas ahí fuera y demuestres tu fortaleza. Si alguien, sea Alicia, mi hermana o quien sea, trata de herirte de nuevo, te juro que lo echaré de la maldita fiesta. ¿Está claro?
—¿Por qué harías eso por mí?
—Porque me importas, porque me estás pidiendo algo y yo te lo estoy dando, ¿no te basta?

Cuando termina la fiesta, salgo a despedir a Denis, mi socio, y al entrar no veo a Dylan, el cerdo que lleva molestando a Gisele toda la noche.
—¿¡Dónde está Dylan!? —les pregunto a William y a Karen, con la bilis quemándome la garganta.
—Hijo, tranquilo. ¿Qué ocurre? —William se alarma.
—¿¡Dónde está!?
Karen me mira asustada.
—Se acaba de ir por la puerta trasera, dice que tiene el coche aparcado ahí detrás.
—¡Mierda! 
Corro aterrorizado y, aunque mis padres me llaman, yo no les hago caso. Si ese cerdo se atreve a tocarla, será hombre muerto.
—¡Matt! —El grito de terror de Gisele se clava en mi alma—. ¡¡Matt!!
Al llegar al lugar de donde proviene la voz, el demonio se apodera de mí. Gisele corre alejándose de Dylan, pero él la alcanza y la sujeta del pelo, tirando de ella, arrastrándola.
—¡No la toques! —grito, haciendo que la suelte y dándole un puñetazo—. ¡Miserable, voy a matarte por ponerle las manos encima!
No me controlo y lo golpeo furioso. El tiempo se detiene mientras yo me ensaño con él.
—Matt, ayúdame —suplica Gisele desde el suelo—. Déjalo, por favor…
Le doy a Dylan una patada en el vientre y no puedo seguir porque mis padres me apartan de él.
—¡Márchate, bastardo, y no vuelvas o juro que te mataré! —bramo—. ¡No te quiero cerca de ella!
Me arrodillo y la estrecho en mis brazos. Tiene la camisa rota. El muy cerdo quería... Le beso la frente y la abrazo contra mi pecho. Tiemblo tanto como ella, que tiene la cara bañada en lágrimas. 
—¿Qué le ha hecho? ¡Maldito, ¿qué le has hecho…?! ¿Gisele?
—Matt —llora ella, cuando la levanto en brazos—. Creía que…
—Estoy aquí, chis, estoy aquí. ¿La ha…?
—No… —susurra con un hilo de voz—, no ha pasado nada…
Me siento morir. Si no hubiese llegado a tiempo… ahora estaría…
—Se pondrá bien, tranquila.
Solloza contra mi pecho.
—¡¡Karen, por favor trae todo lo necesario, hay que curarla!! —Corro a mi habitación y la dejo sobre mi cama—. ¿Gisele, me oye?
No responde, los párpados se le cierran. ¡No!
—¡Gisele!
La zarandeo suavemente, compungido… y entonces, sin poderlo evitar, lloro contra su vientre, notando el sabor amargo de las lágrimas en la garganta.
¿Qué es esto tan fuerte que se agita dentro de mí? ¿Es amor? ¿Yo puedo experimentar ese sentimiento? ¿Yo sabré amarla como se merece?
¡No! No quiero, amar no es bueno. Es malo, destructivo, te vuelve vulnerable. Y yo no lo haré.


Hasta aquí puedo contar... de momento. Quiero agradeceros especialmente la acogida que están teniendo estos relatos. Este mes de agosto terminaré con todos y a principios de septiembre, cuando ya sólo quedará un mes para la publicación de Poséeme, me meteré de lleno es su promoción y os iré adelantando todo cuanto pueda. 

Gracias por estar ahí <3

4 comentarios:

  1. madre mia este hombre me hace llorar lo mas grande.patricia eres una escritora increíble sigue asi que vales muxo muxisimos besos

    ResponderEliminar
  2. IMPRESIONANTE , me encanta como siempre besos

    ResponderEliminar
  3. Hola por aqui:

    Madre mía es que contra mas leo estos pequeños relatos mas me doy cuenta de la profundidad de los sentimientos que este hombre tiene hacia ella y del miedo que le da reconocer que los tiene. Él necesita que le amen y al mismo tiempo necesita dar el mismo amor a alguien pero es tan roto, tan sumamete roto que un acto tan sencillo como es amar para él es algo muy complicado. Pero su reaccion ya no solo ante la agresión de Dylan sino ante Roxanne y Alicia, esta dispuesto a defenderla contra quien sea, él no se da cuenta pero Roxanne si lo ha hecho porque callando le ha respondido a la pregunta.
    Gracias una vez mas Patricia.

    ResponderEliminar
  4. Matt es impresionante!! Me encanta leer las cosas desde el punto de vista de Matt, se aprecia mucho mas el porque hace lo que hace y sus sentimientos hacia Gisele... Gracias Patricia!!

    ResponderEliminar