martes, 19 de agosto de 2014

La otra cara de Tiéntame. Capítulo 9.

He creado un espacio en la parte superior del blog donde encontréis todos los relatos. 
*Recordatorio: La otra cara de Tiéntame son mini relatos en los que de modo ampliado y con todos los detalles podéis encontrar en La chica de servicio, I. Tiéntame. El primer libro oficial de la trilogía. 
En estos capítulos cortos habrán partes recortadas o escenas omitidas por lo que comento arriba: Es un aperitivo de lo que encontrareis en la apasionante historia de Matt y Gisele. 
A diferencia de Tiéntame, aquí podremos leer los momentos más relevantes de la primera parte de la trilogía, pero narrado desde la perspectiva del protagonista masculino: Matt Campbell. 

Esto es La otra cara de Tiéntame. 
¡A por el noveno!



9. 

Diego Ruiz, uno de los clientes de la agencia, me llama diciendo que quiere a Gisele para otro reportaje. Pero yo le digo que no está disponible y decido ocultárselo a ella.
     ¿Dónde estará? ¿Adónde habrá ido? Estoy desesperado, no me contesta los mensajes, no me coge el teléfono. Su amiga Noa me dice que ha llorado, que está destrozada. Por mi culpa.
     ¿Qué puedo hacer? Tengo que disculparme. Voy a buscarla a casa de Noa, donde ésta me ha dicho que está. La encuentro en una de las habitaciones, dormida con los auriculares puestos, y la zarandeo suavemente para despertarla.
—Gisele, ¿dónde diablos ha estado? —pregunto nervioso—. La he buscado en casa de su hermano, en su habitación. He ido donde cenamos la otra noche. He entrado aquí pensando que no había nadie. ¿No lleva su teléfono móvil?
—H-He tenido cosas que hacer. —Me mira confusa—. ¿Cómo has entrado? ¿Qué haces aquí?
—Su amiga me ha dado la llave. Me tenía preocupado. —Me acerco a ella y me siento en la cama. Cuando le acaricio la mejilla la noto temblar—. Gisele, algo dentro de mí me empuja hacia usted una y otra vez... Intento evitarlo, pero no puedo. Míreme, otra vez a su lado cuando le prometí que no volvería a verla.
—¿Por qué? —replica ella—. Dime por qué. Necesito entender por qué me dejas y luego me buscas. No me gusta ser la muñeca de nadie.
Y no lo es.
—No lo sé, no lo sé... Estoy muy confuso, Gisele —digo, mirándola a los ojos—. Estoy  asustado por lo que provoca en mí, ¿no lo ve? Me ha confesado algo tan grande como… —No soy capaz de decir la palabra—, ¿y qué hago yo? La empotro contra la pared para embestirla hasta quedarme satisfecho, sin importarme la profundidad de su declaración. 
Gisele se abalanza sobre mí y yo la beso desesperado. Terminamos en el suelo, abrazados el uno al otro, amándonos sin control.
La pruebo.
La lamo con la pérdida de control tras no encontrarla. Succiono su clítoris, perdiéndome en su suavidad. La humedad la rodea y la extiendo. Soy voraz, impaciente al ver cómo se arquea.
—Deliciosa, exquisita. Ha sido una semana dura, donde he querido tomarla de mil maneras.
—Hágalo hoy —gimotea—. Así… más.
Beso, chupo y succiono. Ella está sollozando y me encanta, no puedo dejar de resbalar mi lengua, estoy excitado y con una erección que puede romper el pantalón. Hasta que saboreo y me bebo el sabor de su orgasmo.
—Matt... —jadea y jadea. Retorciéndose mientras yo no cedo hasta que no queda nada de su sabor, me he impregnado de él. Me puede—. Es increíble…
—Tóqueme —pido posicionando su mano en mi hombría—. Usted es un pecado, su sabor es tan exquisito... mire cómo me tiene.

Quiero que me diga de nuevo que me ama. ¿Yo también siento lo mismo? No lo sé, pero tengo que descubrirlo.  Al acabar nos tumbamos en la cama y allí nos quedamos, acariciándonos, charlando como amigos. 
—Quiero que entienda que no sólo la busco para tener sexo —le digo—. Me gusta estar con usted, me hace bien su compañía, me calma...  
—¿Qué planes tienes para más tarde y para mañana? —me pregunta, levantando la vista.
—¿Planes? —repito confuso, suspirando—. Pensaba quedarme aquí con usted esta noche y que mañana pasáramos el día juntos. ¿No quiere?
—Bueno, hay varios problemas —dice, acariciándome la barbilla—: El primero, tengo que saber si Scott va a aparecer por aquí para ver a Noa... No es prudente que mi hermano te encuentre en mi cama.
—Bien, en ese caso nos iremos a un hotel, pero hoy pasa usted la noche conmigo —sentencio con firmeza—. Diga el otro problema.
Titubea y parece preocupada.
—Mañana he quedado con mis amigos para ir a la playa. Emma, su novio y... Thomas.
—¿Una pareja, Thomas y usted? ¿Dos parejas? Cuénteme eso.
—Al parecer, Emma se ha echado novio y lo va a llevar a la playa. Y Thomas ya sabes que es mi amigo y que con él no hay malos entendidos.
—Por supuesto. Entonces, ¿no quiere pasar mañana el día conmigo?
—Campbell, quiero pasar contigo todos los días de mi vida, creo que eso ya ha quedado claro, pero tú…
—Gisele, basta.
—No me rechaces. ¿Eso es lo que tú me pides a mí, no?
Finalmente, salimos con sus amigos y el maldito Thomas, y yo confirmo mis temores. Thomas la mira de una forma que me desgarra. Su mirada es profunda, sincera y llena de amor... Su mejor amigo está enamorado de Gisele Stone. Y me doy cuenta de que yo la miro igual que él, con el mismo sentimiento. No lo reconoceré ante ella, pero acabo de darme cuenta de que la amo. 
Y es duro saberlo, la tengo clavada en mi pecho.     
Hoy sé que no podré vivir sin ella, tendré que asimilarlo y buscar el cómo explicarle este amor que le tengo… ¿Tendré que dejarla ir, o arriesgarme? Me hace olvidar, disfruto de su alegría, me la contagia, aunque no lo muestro.
¿Cómo comportarme desde hoy? No quiero defraudarla.
—Estoy perdido —hablo para mí mismo, pero Gisele me ha visto. ¿Lo ha entendido? Me duele que me haya sucedido esto, pero la amo y mi obsesión por perderla, nos perjudica.


 Al final, el día de asueto acaba siendo un desastre. No soporto las atenciones de Thomas hacia Gisele, que ahora ya sé que no son las de la simple amistad. Me acerco a él y le exijo que se aparte de ella, que la deje en paz. De las palabras pasamos a los hechos y acabamos a puñetazos en medio de la playa, mientras la gente intenta separarnos y Gisele recoge sus cosas y huye de mí.
Pero cómo no, me perdona y al día siguiente antes de despedirnos para volver a la rutina, me da miedo que se dé cuenta realmente de quién es Matt Campbell, de la secreta enfermedad que acarreo. Aunque de momento, puedo seguir callándolo.
Gisele asegura que no debo preocuparme por nada y en la oficina no dejo de pensar en ella. ¿Todo está bien?

No quiero creerlo. ¡Me niego a aceptar que me esté abandonando! ¡Me lo juró! Me juró que se quedaría a mi lado, mientras me susurraba cuánto me amaba.
—¿Adónde? —le pregunto alterado a Noa.
—Ya se lo he dicho, a casa de Scott para preparar su equipaje. —Me estremezco aterrorizado—. Se va para no volver —añade ella.
—No, no puede ser, no me ha dicho nada. No se puede ir así.
—Tal vez piense que no la toma en serio. O que no la quiere, no lo sé. —Se encoge de hombros—. La cuestión es que la pierde, Matt.
Me meso los cabellos con desesperación.
—¿¡Cuánto hace que se ha ido!?
—Un buen rato.
¿¡Se está riendo en mi puta cara!? Sin mirarla, salgo corriendo hacia mi coche. No arranca o soy yo que estoy demasiado nervioso. 
Cuando lo consigo, parto con el corazón a punto de salírseme del pecho. No puedo perderla, no ahora, cuando sé lo que siento por ella. Verla con Thomas me abrió los ojos. 
Pero ¡se ha ido! ¿Qué voy a hacer si la pierdo? Me volveré loco, no puede sucederme esto.
¿Y si la encuentro y no quiere verme? Estoy hecho un lío. 
Recorro la carretera a toda velocidad, muerto de miedo. Mi mundo se viene abajo sin su calor, sin su alegría… ¡Es mi vida! ¡No puede dejarme! 
Al llegar y aparcar, recupero un poco el aliento. Gisele está delante de la casa, sin verme, caminando distraída mientras mira el móvil. De repente, levanta la vista y se encuentra conmigo. Se detiene… ¿Va a correr en dirección contraria? Me importa una mierda, no la dejaré marchar. 
Desesperado, aligero el paso hacia ella y la estrecho con fuerza contra mi pecho. Necesito sentirla, comprobar que es real. Mi Gisele. 
—Gisele, estás aquí —suspiro agobiado—. Me tenías al borde del infarto. Has debido decirme que te ibas... Me hiciste una promesa y ya la has roto —la tuteo.
Parece desconcertada.
—No entiendo nada —musita temblorosa—. ¿Qué ocurre?
«¡Que me vas a dejar, maldita sea!»
—Matt, ¿qué pasa? —Forcejeando, se aparta y me mira a los ojos, sé que la decepción se refleja en ellos. Me escuecen—. ¿Estás… llorando?
—¡Yo no lloro!
—¡Pues dime algo!
—Te has ido sin avisarme. ¡Pese a tus promesas! —Le sujeto la cara entre las manos, aterrorizado—. ¿¡Por qué lo has hecho!?
Me siento cada vez más descontrolado. Quiero romper cada maldito objeto que hay a mi alcance.
—Tenía algo de tiempo libre y no he querido molestarte —responde ella—. No te estoy abandonando.
—Gisele, sé que a veces soy algo brusco, que no eres capaz de entenderme, porque ni yo mismo lo hago, pero prometiste que no me dejarías.
Niega de nuevo, acariciándome la mejilla.
—Por favor, no lo hagas —insisto—, ¡me lo prometiste!
—Yo no te iba a...
Sus labios tiemblan y la acallo al apoderarme de ellos, mientras la arrincono contra la puerta.
Gisele se aferra a mi cuerpo y yo la toco, la beso. Tiene que entender que es mía, que nadie la querrá como yo. Recorro con mi lengua cada rincón de su boca, exigiendo que se entregue como yo lo hago. 
—Matt —jadea—, entremos… por favor.
Al cruzarse nuestras miradas, no sé qué ve en la mía que sus hombros se hunden. Tiene miedo, ¿se rinde? Maldita sea, va a decir algo, pero yo me adelanto:
—Sé que me amas, pero también entiendo tu miedo respecto a mi forma de ser. Gisele, aunque no sepa expresar mis sentimientos por ti, los tengo y no estoy preparado para ellos.
—Aprieto los dientes, su precioso rostro me contempla, atento y temeroso—. No estoy preparado para muchas cosas, pero si tú te vas, me hundo en el precipicio.
»Contigo todo es diferente. Tú me comprendes, sabes tratarme. Por favor, no te vayas. Quiero intentarlo. Te quiero, Gisele.
No hay reacción por su parte, se limita a mirarme en silencio Ya se lo he dicho, ¿tan claro tiene que quiere irse que no le importa mi declaración? Tiene lágrimas en los ojos. 
—Matt, ¿qué has… dicho?
¡Joder!
—Gisele, ya lo has oído —susurro agobiado, sintiéndome perdido—. Te odio por hacerme sentir esto. —Le seco las lágrimas—. Es la verdad. No sé en qué momento ha sucedido, pero ya no puedo estar sin ti, no sé estarlo...
Está temblando y no me habla.
—Gisele, quiero que te quedes conmigo —insisto, sujetando su rostro—, te necesito a mi lado.
—Estoy aquí —responde y se arroja a mi cuello, abrazándome tan desesperada que por fin me relajo. ¿Por qué entonces había pensado dejarme?—. Y tú estás siempre conmigo, lo sabes… 
—Hoy no lo tengo claro. —La abrazo—. Gisele, ¿qué está pasando?
—No lo sé —balbucea contra mi pecho—, pero vas a acabar conmigo.
—Tú ya lo has hecho conmigo. —La beso con suavidad—. No quiero perderte —digo casi sin voz—. No te vayas, por favor.
—¿P-Por qué repites esto? ¿Por qué crees que me voy a ir?
—¡Te he llamado más de cuarenta veces desde la oficina sin obtener respuesta!
—Te hice una promesa, Matt.
—Lo sé, pero cuando he ido a buscarte a casa, me he encontrado con Noa. —Me aparto un poco y la miro—. Me ha dicho que te vas para siempre. Que vuelves con tus padres. No podía creerlo, ¿¡cómo me vas a dejar así!?
Se sobresalta.
—Lo que te ha dicho Noa no es verdad...
—¿Qué quieres decir?
 —He ido al centro comercial y al salir le he dicho a Noa que si preguntabas por mí te dijera que estaba de compras. No he querido llamar a la oficina para no molestarte... No sé de qué me hablas. —La escruto lleno de dudas. ¿He de creerla?—. Matt, no me voy a ninguna parte. ¿Estás seguro que ella te ha dicho eso exactamente? 
—Entonces, ¿no te vas?
Niega y yo maldigo a su amiga, que me ha hecho pasar por esto.
—¿Por qué Noa me ha mentido?
—No lo sé. No lo sé.
—No le gusto para ti —reconozco con pesar—. Tampoco a tu hermano.
Se encoge de hombros con tristeza y luego me besa.
—No me importa nadie —me asegura entre beso y beso—. Sólo tú y yo, sólo tú.
Un ronco gemido brota de mi boca, perdiéndose en la profundidad de la suya. Es lo que necesitaba oír… Y la reclamo, saboreándola con deleite, sin piedad, porque esta mujer me pertenece. Es el fuego que me quema y por ella ardería en el mismo infierno. 
—Te amo, Campbell —musita y me sonríe—. No puedo creer que tú también sientas lo mismo.
—Yo tampoco —confieso amargamente—. Pero ya no hay vuelta atrás.
—No quiero que la haya —dice ella—. Sé que es complicado para ti, pero nos irá bien.
—Lo sé…
—¿Lo sabes? —solloza.
—Sí, Gisele, lo sé y voy a cuidar de ti. 

4 comentarios:

  1. preciosooooooo!!!!!!!!!!Matt te adorooo!!!!!

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  2. Awwwww...!!! no puedo creer todo lo que pasó Matt en el momento en que sintió que perdía a Gisele, gracias Patricia por este hermosísimo capítulo!!!

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  3. Muy bonito como siempre patricia gracias por todo lo que haces por tus lectoras besos

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  4. Hola por aqui:

    Bueno si la presencia y las atenciones de Matt le obligan a aceptar por fin su amor por ella, el miedo reaparece de nuevo ante la posibilidad de perderla si ella se entera de todo lo que la oculta. Pero como él mismo dice ese miedo a perderla les esta destrozando a los dos hasta el punto de que en cuanto ella se da media vuelta el piensa que va a abandonarle, desconfía de su amor por él.
    Siempre he pensado que Noa no hizo bien en mentirle, pero una vez mas me retracto porque leyendo esto ahora me doy cuenta de verdad de las intenciones de su amiga y realment le han salido bien.

    besos

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